Mi experiencia con la mediación

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Hace más de 7 años que inicié mi formación en mediación familiar, y ya entonces nos hablaban de las posibilidades profesionales que se nos iban a presentar. Las ganas y el entusiasmo no nos faltaban, pero la realidad era y es muy distinta.

La realidad es hoy algo mejor que en mis inicios, pero es cierto que entonces y ahora la mediación es más una opción personal que laboral. Es cierto que como mediador puedes colaborar con organizaciones sin ánimo de lucro o dedicarte a la formación, pero ejercer de mediador al cien por cien, sigue siendo aun una opción complicada.

Muchos creen que haciendo cursos se consigue ser mediador, pero se equivocan. La mediación es mucho más que horas de estudio, cursos, máster y role play. El mediador es un profesional que debe tener una amplia formación en ámbitos muy distintos. Para mí, que soy abogada, resulta muy fácil la parte jurídica pero no lo es tanto el control de las emociones, separar intereses de necesidades, ver más allá de las palabras, y sobre todo mantenerme imparcial y no dar soluciones a las partes, cuando es algo que hago cada día con mis clientes en el despacho.

Es cierto que cuando estudias técnicas de resolución de conflictos, negociación o comunicación adquieres muchos conocimientos que te ayudan a llevar a cabo una mediación, pero también lo es que debes dejar a un lado creencias, ideología y prejuicios y eso solo se adquiere con la experiencia y cierta capacidad para no prejuzgar. Todos tenemos ideas preconcebidas, nuestra forma de solucionar y ver las cosas, maneras de organizarnos y de hacer, y no es nada fácil dejar fuera todo eso cuando ejerces de mediador.

En mi caso, como abogada de familia, he descubierto cómo lo que funciona muy bien para una pareja puede resultar un completo desastre para otra. Por eso nunca ofrezco a mis clientes un convenio tipo, sino que elaboro un esquema de la organización familiar antes de la ruptura y redacto el convenio adaptándolo a las nuevas circunstancias y necesidades de mis clientes. Pero, a veces, no es fácil escuchar a los clientes, cuando lo más sencillo y rápido es decidir por ellos, sobre todo porque en mi cabeza ya hay un plan para solucionar el conflicto. Pero en esos momentos intento mantener la calma, escuchar y no dar soluciones y casi siempre me sorprende la capacidad que tienen las partes para aportar ideas y soluciones a su conflicto, y como consiguen visualizar su futuro para saber cómo quieren organizarlo.

En muchas ocasiones cuesta no posicionarse con el más débil, mantener la neutralidad o incluso permanecer en calma, (a veces se oyen cosas…) por eso me parece que es cierto lo que dicen algunos autores y expertos que el mediador debe tener ciertas capacidades y aptitudes, además de una enorme vocación.

Ser mediador hoy no es fácil, al menos en España y a pesar de la actual campaña de implantarla como alternativa a la vía judicial, porque sigue siendo un método poco conocido para la mayoría. Aun así algunos seguimos empeñados en que la mediación sea una realidad en la sociedad y un método alternativo de resolución de conflictos usado y conocido.

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